¿Quién eres tú cuando nadie te mira? (Y cuando todos te miran)
Desde que leí el Evangelio del Día esta mañana, hay una pregunta que quedó dando vueltas en mi cabeza. Los fariseos, confundidos y quizá un poco impacientes por las palabras de Jesús, le lanzan esta pregunta directa y sin rodeos: "¿Quién eres tú?" (Jn 8, 25).
Jesús no les entrega un currículum ni una lista de títulos. Les responde desde su esencia: "Lo que les estoy diciendo desde el principio".
Vivimos en un mundo obsesionado con las etiquetas. En Instagram somos una cosa, en el trabajo otra, y en la cola del supermercado —cuando la paciencia se esfuma— somos una muy distinta. A Pudiera pasar que, si alguien nos preguntara hoy "¿Quién eres tú?", tendríamos que elegir centre muchas facetas para mostrar.
Jesús, en cambio, nos enseña la transparencia total. Él es lo que dice, y dice lo que es. Su identidad no depende de la aprobación de los demás, sino de su conexión con el Padre: "Yo no hago nada por mi cuenta".
En el texto, Jesús hace una seria advertencia: "Ustedes son de abajo, yo soy de arriba".
No se trata de ubicación geográfica, sino de mentalidad y consciencia. En esta dirección cobra sentido la exhortación que San Pablo hace a los Colosenses (3, 1-5. 9-11) cuando les pide Buscar los bienes de arriba, es decir, buscar ante todo a Dios reconociéndolo como el último sentido de nuestra vida: volver a Dios, es ir hacia el Padre.
Vivir "desde abajo" es movernos solo por intereses inmediatos y a veces mezquinos, por el qué dirán, por el rencor, la envidia o por el afán de comprar para tener. Es una vida sin sentido, y lo peor, con fecha de caducidad.
Vivir "desde arriba" es actuar con la mirada puesta en la eternidad, incluso en lo más sencillo. Es preguntarse: "¿Esto que voy a decir o hacer ahora, le agrada al Padre?".
Jesús cierra este pasaje con una frase que debería convertirse en una regla de oro para cualquier cristiano: "El que me envió está conmigo... porque yo hago siempre lo que le agrada".
Hacer siempre lo que le agrada. ¡Qué desafío!
A veces pensamos que agradar a Dios requiere grandes sacrificios heroicos, pero Jesús nos enseña que se trata de ser "santos" en lo cotidiano, por ejemplo:
Agradar a Dios es responder con calma y amabilidad cuando el tráfico en la ciudad se pone insoportable.
Es ser honesto en ese negocio donde "nadie se daría cuenta" si mientes un poco.
Es dedicar esos 5 o 10 minutos de silencio y oración al día, aunque la agenda esté explotando de cosas por hacer.
Te invito a que hoy, en un momento de pausa, te hagas la misma pregunta que le hicieron a Jesús: ¿Quién soy yo realmente?
No busques tu respuesta en tus éxitos o fracasos, búscala en tu relación con Dios. Si logramos que nuestra "voz" y nuestra "vida" digan lo mismo, entonces estaremos viviendo de verdad "desde arriba".
Recuerda que No hay dificultad que DIOS no pueda transformar en bendición si aprendemos a vivir en Su verdad.
José Fran de @lalectiodivina

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